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El imperio Inca

Los Incas (1200-1532), administradores excepcionales, guerreros implacables, constructores superdotados (ver entre otras, Cusco y su fortaleza Sacsahuaman, ó Machu Picchu), supieron, en trescientos años (aproximadamente), crear a costas de pueblos vecinos un verdadero imperio, el más poderoso de la América Precolombina.
Su imperio se denomina Tahuantinsuyu, que significa “Las cuatro partes del universo”, la totalidad del mundo. Su capital era Qosqo (Cusco: “ombligo”, en quechua). Englobaba una gran parte del territorio Ecuador, Perú, Bolivia, Chile así como la parte andina de Argentina.
Diez millones de hombres caminaban bajo la dirección de gobernadores. La faena se realizó para las obras públicas, la tierra era colectiva. Cada familia reservaba sus campos a cultivar para ella. Pero debía participar en el mantenimiento de los campos “sagrados” (para los sacerdotes y los dioses) y los del imperio (para cuidados del Inca, la administración, el ejército, los nobles, los artesanos y la “seguridad social” inca para los que no pudieran trabajar más). Las cosechas oficiales eran colocadas en almacenes especiales. En caso de catástrofe o hambruna, el emperador – Sapa Inca, el Inca único – haría abrir éstos depósitos y distribuir al pueblo los víveres necesarios.
Como Faraón, el Inca era hijo del Sol y como el egipcio, él se casaba con su hermana con el fin de no mezclar la sangre solar divina con la burda sangre terrestre.
Además, sus administradores tenían un exacto registro de su población, de sus recursos, de su ejército y de sus armas. Esto era gracias a sus quipus, sistemas de cuerdas de colores con nudos fácilmente descifradas por los quipucamayos, estos lectores de números eran de alguna manera los contadores del imperio.

Dos leyendas meritan ser mencionadas en la formación de este imperio Inca.
La primera cuenta la historia de Manco Capac y Mama Ocilo, su hermana esposa, que partieron desde el lago Titicaca con la misión de civilizar los pueblos salvajes; ellos establecieron su reinado en el sitio donde sería clavado el bastón de oro que les había confiado su padre, el dios Sol; esto fue en Cusco.
La otra historia, que completa la primera (una vez fundado el imperio, alguien debía dirigirlo), invocados los hermanos Ayar, partieron con sus esposas, de la gruta de Pacaritambo. Uno de ellos fue nombrado rey (“Inca”) bajo el nombre de Manco Capac, primer de catorce Incas históricos.

Así, legitimado por los mitos, el poder y la civilización solar de los Incas pudo desplazarse por el continente. Lo más notable de los recuerdos de Cusco fue sin dudas, Pachacutec, cuyo reinado (1438-1471) llevó al imperio a sus más vastas dimensiones. Fue sin embargo, en este imperio dividido entre los dos hijos del Inca Huayna Capac, Huascar y Atahualpa, que desembarcó Francisco Pizarro (1475-1541) en 1531.
Encontraron rápidamente aliados entre los pueblos sumidos al imperio, el español aprovechó la situación para obtener una conquista clara. Sin embargo los Incas se recuperaron y en la adversidad ofrecieron una hermosa resistencia a los conquistadores.
Se necesitaron cuarenta y un años para la derrota: el último Inca, Tupac Amaru, fue capturado y ejecutado en 1572.