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El Tutankamón de América

Fue en 1987, cuando se dio a conocer uno de los más fabulosos descubrimientos arqueológicos de éstas últimas décadas: la tumba jamás violada después de mil setecientos años de un personaje de la civilización Moche y que fue para la arqueología precolombina un evento comparable al que fue para los egipcios, el descubrimiento de la tumba del joven faraón Tutankamón y los tesoros que ella contenía.

La civilización de los Moches, que reina sobre Perú en el siglo VIII, no deja detrás de ella los fabulosos tesoros arqueológicos.
El museo de las Tumbas Reales (ciertamente el museo más hermoso de todo Perú) presenta los tesoros del santuario del Señor de Sipán, gran personaje político de la cultura Mochica o Moche, y sus tesoros inestimables y riquezas arqueológicas: joyas, cerámicas.

El tema de Sipán comienza, en febrero de 1987, como un verdadero thriller, con el saqueo nocturno de un sitio arqueológico en el fondo de antigua pirámide moche, con huaqueros (saqueadores de lugares sagrados llamado huacas) armados de palas y fusiles, policías armados con ametralladoras.
De la casa de un huaquero en fuga, la policía tomó piezas excepcionales. En total treinta y tres objetos de gran valor o de gran interés, pero sin ninguna duda, una pequeña parte del botín.
Preciado tesoro no podía provenir que de otra tumba real que de las saqueadas a 7 metros de profundidad.

La plataforma funeraria, lo sabemos hoy en día, contiene seis niveles (datadas del siglo III) y se estima que cada uno de esos niveles posee una tumba real.
Una ha sido saqueada (nivel 4), otras dos han sido dadas a conocer. Tres restan a descubrir.
También fue descubierta una tumba de 4 m2 que encerraba unos buenos miles de piezas de alfarería roja: el escondite más grande de cerámicas precolombinas jamás descubierto.
Bajo la tumba de las cerámicas, un descubrimiento que definitivamente pondría al equipo en el buen camino. A 3,5 metros de la superficie, un guerrero portaba los restos de un casco y un escudo de cobre, pero sin pies.
Un guardián fue así mutilado para garantizar la guardia, sin falla, de un personaje de quien la tumba estaba visiblemente cerca.

La cámara mortuoria reservaba muchas sorpresas, y macabras. Enterrado hacia el sur, el señor no se fue solo desde aquí. A sus pies y bajo su cabeza, dos jóvenes mujeres de unos veinte años, esposas o concubinas. A su derecha, un guerrero de alrededor 40 años portando una maza de guerra y un escudo. A su izquierda, un servidor de la misma edad, tal vez un cazador, sepultado con un perro.

Tres años más tarde, en 1990, al nivel de la plataforma más antigua (nivel 1) datado en el siglo I de nuestra era, fue dado a conocer los restos del Viejo Señor de Sipan, una tumba rica, más que de su probable descendiente. Mas rica, pero más cruel: el abuelo había afrontado solo esto, sin mujeres, sin guerreros, sin servidor, sin guardián. Y sin perro.
Cómo profundizar los misterios del pensamiento y de la religión de un pueblo del cual ignoramos justo el momento en que ocurría…En la espera de, tal vez, las revelaciones de otros señores de Sipan, que duermen aun, sin duda en las tumbas 2, 3, y 5 de la plataforma…