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Tarabuco: un mercado ancestral y tradicional (Bolivia)

Fundado en 1572, el pueblo quechua de Tarabuco se encuentra a unos cincuenta kilómetros al este de Sucre, capital constitucional del país. Situada en los límites orientales del Altiplano boliviano, culmina a 3250 m de altitud.
Su riqueza arquitectónica es inigualable. Aquí, ningún rascacielos viene a desordenar la armonía de las piedras doradas por el sol, ni los sabios escalones de techos rojos y las líneas sobrias y claras de los números campanarios del pueblo.
Es hoy en día conocida por su mercado artesanal, uno de los más típicos del continente, y por sus habitantes que han guardado intactas sus vestimentas y los rasgos particulares de su raza, agudeza en su mirada y alta estatura.
Su mercado tradicional, en el transcurso de los siglos no ha cambiado, propone una extraordinaria variedad de productos. Los locales, los comprados, los trocados, no son la menor de sus singularidades. Es también una gran paleta de colores, que repite simbólicamente las rayas en degradé azuladas, rojas, negras y verdes de los voluminosos fardos y omnipresentes que hombres, mujeres y niños transportan sobre su espalda.

Es domingo, todavía es de noche y hace frío. Los primeros indígenas llegan a Tarabuco, provenientes de los pueblos vecinos, a veces desde una distancia de una decena de kilómetros. Los mejores lugares del mercado son a ese precio.
Los representantes de las comunidades indígenas en general no tienen más que sencillas sandalias para desplazarse y participar cada semana de la gran cita dominical.
Tarabuco es primero un mercado donde se negocia el ganado bovino esencialmente. Además encontramos gran variedad de frutas, verduras, cereales andinos (principal recurso agrícola del pueblo) y otros productos alimenticios.

Entre éstos, la famosa chicha (alcohol de maíz fermentado), y de venta libre, la no menos famosa hoja de coca, que en infusión o su masticación da fuerza para soportar la dureza de la altitud.
Pero la gran riqueza de este mercado reside en los productos artesanales indígenas: vasijas, instrumentos musicales (encontramos el charango, pequeña guitarra divertida y sonora), pero sobretodo tejidos, vestimentas y prendas de lana que hicieron a la reputación de Tarabuco entre toda Bolivia. Sus vendedores orgullosos de explicar que los tejedores (as) de la región trabajan en atelieres, ellos mismos agrupados a veces en asociaciones de campesinos comunitarias regularmente presentes en el mercado.

Uno debe meterse entre las viejas calles pavimentadas en las cuales encontramos la mayor cantidad de puestos y vendedores ambulantes. Terriblemente atestadas, éstas son sinónimos de diligencias, de frenesí, de prisas. Pero, reflejo de la cultura indígena, huellas de un sentido agudo de la colectividad, esta hiperactividad con sus notas de disgustos se desarrolla en un sorprendente silencio.

Sin irritaciones, ni vociferaciones, ni subidas de tono de ningún tipo.
Más allá de esto, a diferencia de los mercados occidentales, hay raramente, entre la población presente a Tarabuco separación entre los vendedores por un lado y los clientes de otro. Organizados tácticamente en parejas, familias o clanes, aquí todo el mundo vende y compa, y uno se encuentra en uno u otro lado de las situaciones. Donde una honestidad y un respeto mutuo precede los intercambios y las transacciones.

Ambiente cultural y social, este mercado los sumerge en otro mundo, en otra época: los lugares, la vestimenta, el testimonio. Ancestral y tradicional, Es una auténtica e inmutable aglomeración popular que hace de cimiento a la identidad quechua, en la valorización y en la duración. Posee como herencia sus propias reglas, y para los indígenas, no hay cuestionamientos ni vistas de cambiarlas.