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Potosí y el infierno de la plata (Bolivia)

Potosí, un clásico así que la visita no es muy divertida, yo diría.
En efecto descubrir Potosí, sus minas y su pasado, es ir al encuentro de un shock y de la consternación. En el siglo XVII, Potosí era uno de los grandes pueblos de América y de Europa. Hoy en día, es un pueblo caído, que no deja de hundirse en la miseria y de morir a fuego lento.
Mirar en la historia, porque viajar, es también comprender y recordar…:

Potosí es un pueblo hoy olvidado, a pesar de que fue una de las capitales del mundo en el siglo XVII. De sus esplendores pasados, cuando los colonizadores españoles explotaban las increíbles riquezas de su subsuelo, no queda nada más en Potosí, sólo el titulo de aglomeración más alta en el mundo.
Pueblo de la vergüenza de Europa por haber saqueado a Bolivia de sus riquezas minerales (¡plata pura!) y por no dejar más que desolación y los huesos de algunos millones de esclavos y trabajadores (ciertas estimaciones llegan a 8 millones). Desde 1545, son mas de 30.000 toneladas de plata las que fueron extraídas del Cerro Rico (montaña que domina a Potosí), y directamente enviadas por Europa. Al principio el mineral era tan puro que no era necesario ser tratado.

Una explotación así, fue posible gracias a al trabajo forzado y gratuito de los indígenas. Los españoles desarrollaron a grande escala la cultura de la coca para “alimentar” y “alentar” a su mano de obra.
Para los españoles: un tesoro inestimable que así como fue extraído de la tierra iba a Europa vía España. La leyenda dice que podrían haber tenido un puente de plata entre Potosí y Madrid…Y ciertamente, ¡Un puente de huesos en el sentido inverso!
Así fue como esta afluencia de riquezas ampliamente impulsadas y el desarrollo industrial europeo, condujeron hacia el nacimiento de capitalismo. Este rol jugado por las minas de plata de Potosí es abiertamente sabido por los historiadores y notablemente descripto en el libro “Las venas abiertas de América Latina”, de Galeano. (Que yo les recomiendo fuertemente, desde ya).
Como entre líneas, amargamente Galeano: Bolivia, hoy uno de los países más pobres del mundo, podría jactarse – si no es patéticamente inútil – de haber alimentado la fortuna de las naciones más ricas”.

En el siglo XX, la explotación del estaño ha dado algo de actividad a Potosí. Y en estos días, los mineros continúan de mal en peor a perpetuar una larga tradición local, la de una muerte precoz luego de una corta vida de trabajo extenuante. Hoy todavía, los hombres explotan con dinamita esta montaña más agujereada que un queso gruyère.
Podemos releer Germinal, es un poco como la vida en las minas. ¿Las diferencias? La coca y el tio.
La hoja de coca, indisociable del universo de la mina, permite a los mineros sobretodo a soportar la fatiga, el hambre, la sed y la pena de su labor.
¿El tio? Es el protector de la mina. Más diablo que dios, introducido por los españoles, él tiene un trono en las galerías. Cada mina posee varios. Tiene una cabeza de diablillo. Bajando al trabajo, todos los hombres pasan haciendo un homenaje ofreciendo algunas hojas de coca o un cigarrillo que ellos encienden y que se lo pasan a su boca dirigiéndole alguna pequeña plegaria.

Volviendo al centro del pueblo, uno olvida un poco esta vida miserable, ya que el pueblo es bello con sus cosas de otro tiempo: Las antiguas casas coloniales, imponentes con sus balcones vidriados, las decenas de iglesias, los edificios.
En efecto, un de los aspectos mas encantadores del pueblo, son sus paseos bajo los balcones de madera, el largo de las antiguas calles pavimentadas bordeadas de por los muros de colores claros.
Esta brillante riqueza fue el origen de la expresión “Vale un Potosí”, que Cervantes a puesto en la boca de Don Quijote y que en francés fue: “C’est le Perou!
En 1987, la UNESCO, le otorga el título de Patrimonio de la Humanidad a Potosí.